“Trabajar ya no garantiza llegar a final de mes”: cambia el perfil de los comedores sociales de Badajoz

Los comedores sociales de Badajoz están viendo llegar a personas que hace unos años no era habitual encontrar entre sus usuarios. Tienen una vivienda, cuentan con algún ingreso e incluso trabajan, pero el sueldo ya no siempre basta para cubrir todo el mes. El encarecimiento de los alimentos y, especialmente, el coste de mantener un techo están empujando a nuevos perfiles a pedir ayuda para algo tan básico como llenar la nevera.
Es una realidad que conocen de cerca en el comedor social Virgen de la Acogida de las Hijas de la Caridad. Su trabajadora social, Soledad Velázquez Luque, lleva desde el año 2010 atendiendo a personas en situaciones muy diferentes y ha podido comprobar cómo las necesidades han ido transformándolos.
El comedor, situado en la calle Martín Cansado, continúa atendiendo aproximadamente a entre 70 y 80 personas, unas cifras similares a las del año pasado. “El número se mantiene, aunque las necesidades y los perfiles han cambiado”, reconoce.
La entidad dispone de apoyo alimentario para familias con menores, ropero y servicio de duchas, y es precisamente en estas prestaciones donde se percibe un incremento de la demanda. En el caso de las familias que necesitan alimentos, Velázquez calcula que el aumento ronda el 10%.
Visible durante el último año
“Se da mucho también el caso de personas trabajadoras que no llegan a final de mes por el tema de la vivienda y por el encarecimiento de los alimentos”, explica Velázquez. No viven en la calle. Tienen casa y algún ingreso procedente de su trabajo, pero las cuentas no salen. El comedor trata entonces de aportar el apoyo que necesitan para completar el mes.
Es una situación que, según la trabajadora social, se ha hecho especialmente visible en los últimos meses. También ha cambiado la composición de las familias que solicitan ayuda. Hace una década era más habitual encontrar hogares con cuatro o cinco menores a cargo. Ahora predominan familias más pequeñas, con uno o dos hijos, tres como máximo, y también hogares unipersonales.
La misma transformación se aprecia en el comedor San Vicente de Paúl, en la calle San Pedro de Alcántara. Mercedes Iñiesta, una de sus trabajadoras sociales, confirma que el nivel de vida está llevando hasta estos recursos a familias con dificultades para terminar el mes. “Ya no acuden únicamente personas sin hogar”, indica.
Este comedor atiende igualmente a unos 70 u 80 usuarios. Durante agosto, los centros coordinan sus vacaciones para que la atención no quede interrumpida. San Vicente de Paúl ha asumido estos días usuarios del comedor de Martín Cansado y cerrará durante la segunda quincena del mes. A partir del lunes 17 será el otro centro el que recoja el testigo y atienda a sus usuarios.

Voluntarios trabajan en la preparación del servicio en el comedor social San Vicente de Paúl. / Santi García
Mucho más que entregar un plato de comida
En ambos comedores, la prioridad es que la alimentación sea lo más equilibrada posible, precisamente porque productos como la fruta, la verdura, la carne o el pescado pueden resultar más difíciles de comprar cuando el presupuesto doméstico se encuentra al límite. “Entendemos que hay un aumento del precio en ese tipo de alimentos y que a las personas les cuesta más trabajo acceder a ellos”, señala Velázquez.
La entidad consigue mantener la atención con la colaboración de administraciones como la Junta de Extremadura, el Ayuntamiento de Badajoz y la Diputación de Badajoz, además del Banco de Alimentos y empresas como Mercadona, que colabora diariamente. Hasta ahora han podido responder a las necesidades que reciben, aunque cuando disponen de menos productos también tienen que ajustar las cantidades que entregan.






