Asociación Banco de Alimentos Rías Baixas

Perfecto Martínez | “Hace unos años la gente donaba tres kilos de azúcar; hoy te dan uno”

Comenzó su andadura en diciembre de 2012, pero cuando Perfecto Martínez llegó a él, no tenían alimentos. A través de sus contactos logró revitalizarlo

Perfecto Martínez es el vicepresidente del Banco de Alimentos Rías Baixas, con sede en Vilalonga, Sanxenxo. Lleva desde 2013 vinculado a él, con espíritu de servicio y de sacrificio para ayudar a quienes necesitan lo más básico: comida.

¿Cómo funciona el Banco de Alimentos Rías Baixas?

La misión que tenemos es reparto de alimentos gratuitos, de primera necesidad, tanto a entes físicos como jurídicos que la necesiten. Los entes jurídicos son Cáritas, Servicios Sociales de los Concellos, comedores, residencias de ancianos… y los físicos son familias y personas.

¿Cuál es el proceso para dar alimentos a las personas físicas?

A las personas que vienen directamente a nosotros las atendemos y les damos alimentos, pero la siguiente vez que quieran venir tienen que pasar por el filtro de los Servicios Sociales de su Concello. Actualmente estamos prestando ayuda a 72 familias, que vienen de los Concellos de Sanxenxo y Meaño.

¿Cada cuánto les dan comida a estas personas y qué tipo de productos les proporcionan?

Como mínimo les damos una vez al mes. Si es necesario, dos. Tenemos dos clases de productos: perecederos y no perecederos. Los no perecederos son pasta, aceite, conservas… Los perecederos son los que se deben consumir hoy o, como mucho, en dos días más.

¿De dónde les llegan a ustedes esos alimentos?

Los no perecederos los conseguimos siempre por operaciones kilo, que las hacemos con Eroski y Froiz, mínimo dos veces al año. Los perecederos vienen directamente de las infraestructuras de retail: Mercadona, Aldi…  que vamos a recoger nosotros. Después, también tenemos alimentos que vienen de la industria agroalimentaria. Esos ya nos mandan ellos palets, por ejemplo, Coren, Clesa o Profand. Pero, además de alimentos, también hay que tener liquidez monetaria…

¿Y esa de dónde llega?

Primero, de La Fundación La Caixa. Ese dinero es vital para nosotros. Luego, concellos como Cambados y Meaño colaboran con nosotros. También quiero darle especialmente las gracias al Plan Social Ence. Nos suministra dinero para comprar alimentos de primera necesidad no perecederos, con lo cual el abanico que podemos darle a la gente es amplio. Además, con ese dinero, pudimos comprar una segunda furgoneta y un traspalet eléctrico, que nos facilita la carga y descarga, porque antes la hacíamos a mano. También nos ayuda Telmo Martín en Sanxenxo, que nos da cobijo, nos paga la luz y el agua del local. Estamos en la antigua plaza de abastos de Vilalonga y operamos todos los meses del año, de lunes a viernes, de 9 a 13  horas.

¿En la plaza de Vilalonga también es donde almancenan los alimentos?

Sí. Tenemos almacenes para producto no perecedero y luego frigoríficos y congeladores, donde almacenamos según corresponda.

En las operaciones kilo, ¿la gente suele colaborar?

Se nota mucho el poder adquisitivo. Hace años en vez de donar un kilo de azúcar, donaban tres. Ahora donan uno y se van a cosas baratitas. Nosotros colocamos un cartel con lo que más necesitamos que nos donen y luego cada uno que dé lo que bien pueda. Nosotros tratamos de distribuirlo de forma ética, responsable y equitativa.

Integrantes del colectivo, frente a un furgón del servicio
Integrantes del colectivo, frente a un furgón del servicio
| Cedida

¿Cuántos voluntarios tienen y cuánto tiempo lleva trabajando el Banco de Alimentos?

Voluntarios somos unos 12. El Banco empezó en diciembre de 2012 y yo en febrero de 2013.

¿Y cómo llegó usted al Banco?

Yo soy un gallego emigrado. Cuando me jubilé decidí volver a mi pueblo, Samieira, y como somos católicos, apostólicos, romanos y creyentes nos fuimos a hablar con el cura. Nos enteramos de que en esa parroquia no había Cáritas y fundamos una. Pero claro, necesitábamos alimentos. Me enteré de que había un banco de alimentos en Vilalonga y allí me fui, pero su presidente, Manolo Collado, me dijo que no tenían alimentos. Como yo había hecho un curso de alta dirección de empresa y allí había conocido a toda la agroalimentaria gallega, llamé a Froiz. A los dos días nos mandó 32 palets de alimentos.

Durante todos estos años, ¿la demanda de alimentos sube, baja o se mantiene?

Los años varían. De promedio, nosotros distribuimos 102 toneladas de alimentos solamente en O Salnés. Tuvimos unos años en los que llegamos a repartir 121 toneladas. Actualmente ha bajado a 99. Eso es buena señal, quiere decir que la demanda ha disminuido.

¿Notan que también fluctúe dependiendo del mes del año?

Suele ser estándar, aunque en los meses de verano decae, porque la gente consigue trabajo y ya tiene su dinero. Luego, cerca de Navidad, crece.

 ¿Cómo lleva usted ver estos casos de necesidad o de pobreza?

Tratamos de satisfacer toda su demanda y ayudarles también en el aspecto psicológico, hablando con ellos.

¿Hay vergüenza de tener que pedir comida?

Les cuesta, pero depende de la personalidad. Hay quien va por la cara y alguna vez he tenido que decir que no daba alimentos. Una vez vino un señor con varios anillos y cadenas de oro, un cochazo… Era un personaje que venía a aprovecharse de la situación.

¿Qué balance hace de todos estos años de trayectoria?

Han sido unos años de mucho trabajo, pero muy felices, porque ayudar a los demás es muy bonito. A mí me gusta. Para esto tienes que tener espíritu de servicio y sacrificio. Animamos a que quien tenga estas características se acerque al Banco, porque siempre faltan manos.