¿Quién vigila lo que comen los niños?: así funciona Evacole, el sistema de control de los comedores escolares de Córdoba

Un comedor de un colegio de Córdoba. / Manuel Murillo

La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía continúa con la investigación de las incidencias denunciadas en tres comedores escolares de la provincia de Córdoba donde se han señalado problemas relacionados con la cantidad de los menús servidos. Las fotografías y vídeos que se viralizaron por el mal aspecto de algunos de los platos servidos en varios centros educativos cordobeses, lo que se denominó socialmente como «el pisto sin pisto», desembocaron en la apertura de un expediente informativo a la empresa proveedora Mediterránea de Catering y en la solicitud de una evaluación presencial urgente.

Las quejas de las Ampas han aumentado desde entonces en la provincia e incluso se han trasladado también en provincias de Granada y Almería. Una situación que ha situado en el centro del debate público al sistema de supervisión de la Junta de Andalucía sobre los comedores escolares. En este contexto, el Plan de Evaluación de la Oferta Alimentaria en Centros Escolares de Andalucía (Evacole) ha pasado de ser un desconocido para las familias a convertirse en una pieza central de una pregunta mucho más incómoda: si existe un sistema encargado de controlar la calidad de los menús, ¿cómo funciona exactamente y qué capacidad tiene para detectar y corregir los problemas?

Estrategia desde 2010

La Junta puso en marcha Evacole en 2010 como la herramienta encargada de velar por la calidad alimentaria de los menús escolares. Su propósito no es reaccionar ante polémicas, sino formar parte de la estructura permanente de vigilancia para favorecer la adquisición de hábitos saludables y elevar la calidad de la nutrición en las aulas. Para lograrlo, el sistema despliega una labor de supervisión articulada en varias fases.

Imagen difundida de la comida de escolares en colegios públicos de Córdoba.

Imagen difundida de la comida de escolares en colegios públicos de Córdoba. / CÓRDOBA

El primer filtro se aplica antes de que la bandeja de comida llegue a la mesa del estudiante. La empresa adjudicataria introduce la programación mensual de sus menús en las herramientas informáticas de Evacole, donde técnicos especializados efectúan el análisis para comprobar el equilibrio nutricional global, supervisando con qué frecuencia figuran alimentos indispensables como el pescado, las frutas y las verduras, y controlando la presencia de carnes o productos procesados y precocinados. Los criterios alimentarios se basan en la guía publicada por la Junta en 2026 mediante la que catalogan aquellos alimentos cuya ingesta debe mantenerse estrictamente limitada.

En segunda fase, los evaluadores de Evacole realizan inspecciones presenciales en los propios centros educativos para contrastar que lo planificado coincida con lo servido en el plato. Estas verificaciones permiten identificar tanto la calidad de los productos y qué alimentos se están ofreciendo como posibles variaciones en las raciones que solo se hacen evidentes sobre el terreno. Es el punto en el que se ha provocado la actual polémica: la Junta asegura que actuó después de tener conocimiento de las incidencias y abrió un expediente a la empresa responsable, mientras que las familias sostienen que los problemas venían siendo comunicados desde antes de que determinados vídeos se hicieran virales.

Con el plazo para presentar medidas correctoras vencido para Mediterránea, la investigación administrativa tendrá que determinar qué ocurrió exactamente en cada centro y qué medidas corresponden. Lo que sí está confirmado es que las incidencias de Córdoba han activado los mecanismos de Evacole, un sistema que, además, cuenta con la plataforma Evacole-Net: un registro destinado a medir la aceptación de los platos y el volumen de desperdicio generado. La idea es sencilla: si determinados alimentos aparecen repetidamente intactos en los platos, ese dato también puede servir para evaluar la eficacia real de la oferta alimentaria.