Voluntarios del Banco de Alimentos en la briega

El periodista Luis Miranda, uno de los periodistas cordobeses a los que tanto debe el Banco de Alimentos por la atención constante que nos presta, ha realizado en las páginas dominicales de ABC, esta entrevista que por su profundidad y oportunidad, no dudamos en reproducir.

Nico Trenas fotografiando a Juan José Cas en plena entrevista

Juan José Cas: «El que se vuelca en una oenegé cobra en sí mismo todo el esfuerzo que realiza»

No hay desafío que el vicepresidente del Banco de Alimentos de Córdoba no quiera afrontar, primero en las hermandades y ahora en la ayuda a los demás

A Juan José Cas Hernández (Córdoba, 1948) la vida, tal vez Dios, lo ha llamado siempre a tareas en que ha tenido que demostrar espíritu emprendedor y genio. Muchos lo conocen como cofrade, pues fue hermano mayor de Jesús Caído y del Carmen de San Cayetano. Otro cofrade, Joaquín Cabello, le decía cada dos por tres que el día se jubilara y traspasara la cartera de clientes de su correduría de seguros se lo hiciera saber, que le iba a pedir algo. «Yo le decía, ‘no te preocupes Joaquín, que el día que yo me quede libre te lo digo’. Y un sábado en misa cuando salimos, mi mujer le dijo que ya estaba libre. A la semana siguiente ya estaba yo en el Banco de Alimentos, de aprendiz, y ya llevo 10 años». Habla de los retos con vistas a la Gran Recogida, una cita muy consolidada que se celebra entre el 13 y el 15 de noviembre.

-¿Córdoba es una ciudad generosa?

-Sí. Podría serlo un poquito más, sobre todo a título personal más que económico.

-¿Se consigue más apelando a la caridad cristiana o la solidaridad laica?

-A la solidaridad, sin ponerle apellidos. Cuando me refiero personalmente a buscar voluntarios, donde más se encuentran voluntarios es por la parte cristiana y católica. Los colegios religiosos aportan bastantes voluntarios, algunos institutos también, pero hay una tendencia de colegios concertados religiosos de sacar más voluntarios.

-¿Cree que es un poso que queda de los valores cristianos, incluso entre quienes ya se han alejado?

-Yo entiendo que es por la implicación de los tutores de los colegios. Se pueden pedir voluntarios, pero luego tienen que ir acompañados por profesores, porque normalmente son menores. Estoy seguro de que si vamos a los institutos, a nivel de alumnos, por la novedad, no creo que hubiera diferencia.

-Está cerca la Gran Recogida, que ya es una cita clásica y consolidada. ¿Es más difícil que se done dinero o un kilo de lentejas?

-Al voluntario le cuesta más trabajo pedir ayuda económica, que dar una bolsa y solicitar que le echen un kilo de alimento. Al voluntario sí entiendo que le cueste más trabajo, pero al donante no tiene por qué. Además, los números van demostrando que las aportaciones económicas superan con mucha diferencia a los establecimientos en que se hace recogida física. Más que por el sistema en sí, yo creo que influye más el voluntariado. Y me hago cargo, porque no es igual que se te acerque una persona. La bolsa te ayuda a iniciar el contacto. De la otra forma, tienen que decirle, «por favor, cuando pase usted por línea de caja, a ver si nos puede ayudar a dar una donación». Es más complicado.

-¿Por qué prefieren la donación en la línea de caja?

-Es la única solución, la mejor para nosotros. Y ya se ha implantado en todas las grandes cadenas, menos en una que es mixta, que puede ser económica y física. En las demás grandes cadenas la donación es económica. Aprovechamos todas las oportunidades para decirle las personas que su aportación económica sale reflejada en el ticket de compra. Cuando se termina la campaña, con el dinero que hay, a esa misma cadena se le compran los productos que necesitamos y cuando queremos. Pero fíjese en la diferencia: si es físico, pues te sobran pastas, te sobra arroz, te falta aceite. Y luego hay que clasificarlo, y te puedes ir tres o cuatro meses, y en ese tiempo algunos pueden caducar.

-¿Qué distingue al Banco de Alimentos de Instituciones de otras instituciones que ayudan también a personas que lo necesitan?

-No conozco otras, pero sé que de todo el dinero que entra, todo, íntegramente todo, tiene que ir a la compra de alimentos. Ahora estamos iniciando unas campañas que son distintas. Hemos pedido dos subvenciones al Ayuntamiento para una campaña de reinserción social, aunque siempre hay un porcentaje muy elevado para alimentación. Pero, por ejemplo, se necesita una monitora, se necesita atraer a esa gente que quiere hacer los cursos, con los que le tiene que dar algún aliciente. Eso es en el porcentaje mínimo de la subvención. Quitando programas específicos que vienen con una dirección concreta, todo lo que entra al Banco de Alimentos es para comprar alimentos.

«No veo que en Córdoba se pase hambre. Nos hemos quedado sin fondos europeos y nadie se ha quejado de recibir menos»

-¿Qué objetivos hay para la Gran Recogida de este año?

-Nos conformaríamos con mantenerlos del año pasado. Fueron unos 145.000 euros y unos 20.000 kilos. Fíjese en la diferencia. También es verdad que todas las grandes cadenas apuestan por la parte económica, pero ya la diferencia es abismal.

-¿A cuántas personas se puede llegar, si se puede cuantificar, y durante cuanto tiempo?

-Hasta septiembre hemos atendido a 14.300 personas a través de 164 instituciones, porque nosotros no le damos los alimentos a las personas directamente. Utilizamos los comedores sociales, Cáritas, casas de acogida o conventos.

-El nuevo sistema de cupones deja al Banco de Alimentos fuera del reparto de ayudas europeas, que suponían la llegada de comida. ¿Cómo ha afectado?

-Para nosotros fue una desgracia, porque el Banco de Alimentos recibía 800.000 kilolitros, dependiendo de si venía leche y aceite también, de los fondos europeos. Cuando el gobierno decidió cambiarlo por tarjetas, a los Bancos de Alimentos nos sacó del sistema. Desde entonces no recibimos nada de la Unión Europea. Todo lo que damos es a través de nuestro propio esfuerzo y de subvenciones. Por ejemplo, del Ayuntamiento, de la Diputación y algunas otras operaciones, como por ejemplo la que se hace con La Caixa.

-¿Cómo se suple?

-Hemos repartido en los 9 meses 315.000 kilos. O sea, no hemos repartido en 3 meses ni la mitad de lo que recibíamos antes. Ni la mitad. Quien lo padece no es el Banco de Alimentos: son las personas necesitadas, porque si antes dábamos 20 kilolitros por persona y mes, ahora estamos dando 8 kilolitros por persona mes. No podemos sacar donde no hay. Nos esforzamos para que sea la mayor cantidad posible, pero sí es verdad, que a 800.000 kilolitros no se puede llegar con el trabajo por mucho voluntario y por mucha generosidad que haya en Córdoba.

-¿Cómo es el perfil del voluntario que ayuda?

-Vamos a los colegios y también a centros de participación activa, a todos nuestros conocidos. Hay voluntarios de 70 años y de 16 y 17. Necesitamos entre 1.400 y 1.500 voluntarios para cubrir las 130 tiendas más o menos en que vamos a hacer la operación. Hay personas muy implicadas y hay otras personas que vienen de compromiso y se les nota mucho. Pero bueno, todos los que ayuden, con más o menos esfuerzo, es de agradecer.

-¿Se hace por ayudar a los demás o también se ayuda a sí mismo quien se ve haciendo algo así?

-Por supuesto. Ahí ya te hablo por experiencia. Cuando tú te implicas en una oenegé, en mi caso el Banco de Alimentos, cuando algo sale bien, tú no sabes con qué satisfacción te vas a quedar, cuando sabes que has conseguido el objetivo marcado. Por experiencia propia digo que el que se vuelca en estos casos cobra en sí mismo todo el esfuerzo que realiza.

Juan José Cas, durante la entrevista
Juan José Cas, durante la entrevista. (Nico Trenas)

-El Banco de Alimentos entrega la comida a las entidades que la reparten. Desde su experiencia, aunque no sea de contacto directo, ¿en Córdoba se pasa mucha hambre? ¿Hay mucha gente que pasa hambre?

-Esos números nosotros no los tenemos. Mi percepción es que no. Estamos hablando de hambre. Otra cosa es que no tengamos para otras cosas, que también son necesarias. Ya no hablo de viajes, sino de que te las veas y te las deseas para la gasolina del coche, o que debas tener mucho cuidado que el kilovatio hora no se pase. Ahí sí entiendo que tiene que haber bastante gente. Pero la palabra hambre no la percibo. Cuando nosotros hemos tenido que dejar de dar los fondos europeos, yo no he visto a la gente quejarse. Más no hemos quejado nosotros, como voluntarios del Banco Alimentos, de la poca ayuda que recibimos para poder prestar ayuda, a su vez, a las personas necesitadas, que la queja que nos haya llegado desde abajo que porque les damos menos. Y eso es una evidencia de que lo que es hambre a hambre yo no lo veo así.

-¿Puede ser que no se pase hambre, pero sí se quite de otras cosas necesarias, como el recibo de la luz o la higiene?

-Ahí me imagino yo que cada uno tiene su necesidad y nosotros en eso estamos muy limitados, porque solamente damos productos básicos. Por ejemplo, se tienen que esforzar para comprarse el pollo, porque si nosotros le damos los garbanzos y los fideos, pues vale para un cocido. También damos una tarjeta de Mercadona, porque cuando hacemos la Gran Recogida a Mercadona no le pedimos alimento, sino tarjetas de cincuenta euros. En las Cáritas, que son las que están más organizadas, les sustituimos esos alimentos por la tarjeta monedero de cincuenta euros. Ahí el usuario puede cambiar la alimentación distinta a la que nosotros le damos, pero eso son muy pocos casos. Eso es, a lo mejor, para 500 familias o 1.000 familias, pero nada más que para un mes. El resto del año es alimento.

-Se dice «haz el bien y no mires a quién». ¿Es necesario elegir bien, a la persona que más lo necesita?

– Nosotros tenemos un servicio de inspección con el que vamos visitando a las instituciones a las que ayudamos. Y la verdad es que salvo raras excepciones, y algunas hay, pero muy pocas, funciona muy bien. Las Cáritas están muy organizadas, los comedores sociales igual. La gente tiene que estar muy tranquila de que el tránsito del alimento, desde que ellos donan hasta que nosotros compramos, entregamos a las instituciones beneficiarias y éstas a su vez a las personas necesitadas, es cuidadoso.

-¿Hay que cuidar el proceso?

-Para eso tenemos unos voluntarios que van visitando temporalmente a cada institución. Les pedimos papeles, les pedimos documentos, les pedimos la justificación de a quién se le ha dado, y si está en condiciones de ser ayudado o no. Se cuida mucho y sale bien.

«Llamamos a las puertas de las hermandades y sólo nos ayudan cinco. Como cofrade me duele»

-Hoy se esfuerza en el Banco de Alimentos, pero tiene una larga trayectoria como cofrade. En el mundo de las hermandades, ¿ha encontrado más ayuda, menos o igual que en el resto de la sociedad?

-Desagraciadamente, las cofradías no están involucradas. Tuvimos una reunión con el presidente, que se portó magníficamente con nosotros, y con la vocal de Caridad de la Agrupación de Cofradías. Se iba a hacer una recogida a través de la Agrupación para nosotros y tuvieron que desistir porque no encontraron voluntarios. Y nosotros, para la Gran Recogida, de todas las cofradías que hay en Córdoba podemos tener ayudas de menos de cinco. Y llamamos a las puertas. A mí me duele como cofrade, porque precisamente de mis dos cofradías, que son el Caído y la Virgen de Carmen, no tenemos voluntarios. Me duele, pero es verdad.

-¿Hay que llamar a muchas puertas y acostumbrarse a recibir muchas negativas?

-Es muy difícil. Hay un grupo de voluntarios que se dedican específicamente a ese trabajo, que eso sí que es algo difícil. Yo estoy especializado en la relación con las cadenas, a nivel nacional, a nivel regional, a nivel local, que también es una labor, pero eso es más bien un trabajo empresarial. El grupo que se dedica a la búsqueda de voluntarios tienen un trabajo muy difícil y ahora mismo están con un estrés tremendo, porque ya deberíamos de llegar como mínimo a 1.400 voluntarios. No podemos dejar de poner voluntarios, porque donde haya voluntarios hay un resultado muy superior a las tiendas que aunque tengan la campaña no haya voluntarios. Entonces nuestra obligación es buscar voluntarios como sea, debajo de las piedras.

-¿Cómo los intentaría convencer?

-Me gustaría que cuando la persona lea esta entrevista piense que el Banco de Alimentos lo único que está pidiendo son de dos a cuatro horas una vez al año. Que después de ese trabajo, cuando se vaya a su casa normalmente será satisfecho y que ayuda mucho al banco, a las instituciones y a las personas. A ver si fuésemos capaces de poder aumentar lo que estamos dando por persona por lo menos a diez kilolitros al mes. Es lo mínimo que deberíamos dar. Pero si no tenemos, pues no lo podemos hacer.