Pobreza y salud, un mismo reto
Un estudio pionero del Banco de Alimentos revela que la vulnerabilidad económica deteriora especialmente la salud mental y evidencia que el empleo ya no siempre protege frente a la exclusión
El estudio del Banco de Alimentos de Nafarroa y la Universidad Pública de Nafarroa aporta una conclusión que va mucho más allá de la ayuda alimentaria: la pobreza también deteriora la salud. Aunque el estudio -pionero- se ha realizado entre usuarios del Banco de Alimentos navarro, las conclusiones trascienden el ámbito foral y revela una clara brecha respecto al conjunto de la población, especialmente en ansiedad y depresión. La exclusión deja de ser únicamente un problema económico para convertirse también en un problema de salud pública. Los investigadores concluyen que el deterioro de la salud responde a la acumulación de factores como la inseguridad alimentaria, las dificultades para acceder a una vivienda adecuada, la precariedad laboral o la falta de recursos para mantener hábitos saludables. La incertidumbre permanente por llegar a fin de mes acaba generando un desgaste emocional que termina reflejándose en la salud física y mental. El estudio también pone nombre a una realidad cada vez más frecuente: el ‘trabajador empobrecido’. El Banco de Alimentos recuerda que disponer de un empleo ya no garantiza salir de la pobreza. Los bajos salarios, el encarecimiento del coste de la vida y, especialmente, el peso de la vivienda en la economía familiar hacen que muchas personas con trabajo necesiten ayuda para cubrir necesidades básicas. Por lo tanto, la exclusión también alcanza a quienes trabajan cada día sin lograr una estabilidad mínima. Esa realidad interpela igualmente a Nafarroa y la CAV. Ambas comunidades figuran entre las que registran menores tasas de pobreza y exclusión del Estado, pero eso no evita que miles de personas vivan en situación de vulnerabilidad. En Nafarroa, 114.046 personas, el 16,5% de la población, se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Euskadi presenta una tasa AROPE del 14,7%, la más baja del Estado, aunque también refleja que el crecimiento económico convive con bolsas persistentes de vulnerabilidad. El estudio también lanza un mensaje a los responsables públicos. Si la pobreza acaba traduciéndose en peor salud, las políticas sociales también son políticas de salud. Los autores defienden actuaciones que garanticen el acceso a una alimentación adecuada, una vivienda digna, un empleo estable y redes de apoyo, además de reforzar la coordinación entre los bancos de alimentos y los servicios sanitarios y sociales para detectar situaciones de vulnerabilidad.







