El arroz que nace de una cápsula de café

Tomado de abc.es

Charo Barroso

 

A primera hora de la mañana, cuando el sol comienza a levantar la bruma sobre los arrozales del Delta del Ebro, el paisaje parece extenderse sin límites. El agua ocupa las parcelas y refleja un cielo que apenas encuentra obstáculos hasta el horizonte, mientras los canales atraviesan los campos y las aves se desplazan entre las zonas húmedas. Más allá aparece el Mediterráneo, el mismo mar que durante siglos ha marcado el límite de una tierra construida por los sedimentos del río y que ahora, poco a poco, comienza a ganar terreno.

Desde aquí resulta difícil imaginar que una parte de lo que sucede en estos campos puede haber comenzado a cientos de kilómetros de distancia, en una cocina cualquiera, cuando alguien prepara un café y después deposita una cápsula usada en el circuito de reciclaje. El aluminio se separa para poder recuperar su valor, mientras los posos siguen otro camino hasta convertirse en compost que posteriormente se utiliza en los arrozales de la Cámara Arrocera del Montsià. Es el principio sobre el que Nespresso construyó hace quince años ‘Arroz Solidario’, un proyecto que conecta el reciclaje de sus cápsulas con el cultivo de arroz en el Delta y que, después de la cosecha, lleva ese alimento hasta los Bancos de Alimentos.

Un paisaje que pierde terreno

Para entender el significado de este recorrido hay que mirar primero al territorio que lo recibe. El Delta del Ebro es uno de los humedales más importantes del Mediterráneo occidental y un espacio esencial para numerosas especies, pero también un lugar cuyo futuro está condicionado por un equilibrio cada vez más frágil entre el río, el mar y la actividad humana. La regresión de la costa hace que el Delta pierda superficie, la subsidencia provoca el hundimiento progresivo del terreno y la salinización amenaza las condiciones de unos suelos sobre los que se desarrolla buena parte de la agricultura local.

«El Delta del Ebro se encuentra en un momento crítico, amenazado por la regresión y la inundación», explica Rafa Sánchez, doctor en Hidrología y Ecología y director técnico de la Mesa del Consenso del Delta del Ebro. Aun así, considera que todavía existen posibilidades de actuar: «Existe solución para revertir esta situación, pero es necesario actuar con urgencia».

El arroz forma parte de la historia reciente del territorio y los campos cultivados constituyen una pieza más del mosaico de ambientes que caracteriza el humedal. La cuestión es cómo mantener esa actividad en un paisaje que está cambiando y conseguir que agricultura y conservación puedan avanzar juntas. «Proyectos como ‘Arroz Solidario’ demuestran que es posible intervenir de manera positiva en el territorio. Agricultura y conservación pueden, y deben, ir de la mano», señala Sánchez.

El café que vuelve al campo

Es en esa relación donde adquiere sentido el compost elaborado a partir de los posos de café. La materia orgánica se incorpora a los arrozales y pasa a formar parte de un ciclo agrícola que se prolongará durante meses, hasta que el arroz esté listo para la cosecha. Para Àlex Morales, presidente de la Cámara Arrocera del Montsià, el proceso permite aprovechar un material que todavía conserva valor. «La incorporación del compost procedente de las cápsulas de café recicladas supone una gran aportación en nuestros arrozales», explica. «No solo cerramos el círculo aprovechando un recurso valioso que enriquece la tierra, sino que cultivamos un arroz de calidad excepcional mientras protegemos la biodiversidad de nuestra casa, el Delta del Ebro», añade.

Estrategias y decisiones de las empresas y quienes las dirigen.

El recorrido resulta especialmente significativo porque conecta dos mundos que normalmente permanecen separados: el consumo cotidiano y el campo. La cápsula utilizada en una ciudad puede acabar formando parte de un cultivo en un territorio situado a cientos de kilómetros, mientras que el producto que nace de ese suelo emprenderá después un nuevo viaje. Porque cuando llega la cosecha, Nespresso adquiere la totalidad de la producción vinculada a ‘Arroz Solidario’ y la entrega a la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), que la distribuye a través de su red de 53 Bancos de Alimentos.

Del arrozal a la mesa

Las cifras permiten medir el alcance de un proyecto que comenzó en 2011. Desde entonces se han donado cerca de 2.000 toneladas de arroz, equivalentes a casi ocho millones de raciones de comida. Solo durante el último año fueron 215 toneladas las que llegaron a la red de Bancos de Alimentos, una trayectoria reconocida en 2025 con la ‘Espiga de Oro’, el máximo galardón de FESBAL.

«Recibir más de 215 toneladas de arroz es una gran ayuda para los 53 Bancos de Alimentos», explica Vanessa Espinar, responsable de Fundraising de FESBAL. «En estos 15 años, el compromiso de Nespresso se ha convertido en un pilar fundamental para nosotros, permitiéndonos asegurar que la ayuda llegue directamente a las mesas de miles de personas en situación de vulnerabilidad», reconoce.

La historia del arroz incorpora además otra transformación dentro del propio sector agrícola. La iniciativa establece que la mitad de los agricultores participantes sean mujeres, con el objetivo de reforzar su presencia en el cooperativismo agrario y favorecer su participación en las decisiones. «El cambio no es que la mujer haya llegado al campo. El cambio es que su papel se reconoce y participa en las decisiones», resume Guillermina Fumadó, agricultora y consejera de la Cámara Arrocera del Montsià.

Más allá del café

La iniciativa no puede resolver por sí sola los problemas ambientales del Delta, que requieren actuaciones a una escala mucho mayor frente a la regresión, la subsidencia y la salinización. Pero permite observar cómo diferentes actividades pueden formar parte de una misma cadena: el consumo, el reciclaje, la agricultura y, finalmente, la ayuda alimentaria.

Nayara Fuentes, responsable de Sostenibilidad de Nespresso en España, resume la filosofía del proyecto al señalar que «los grandes cambios están hechos de pequeños gestos». En este caso, uno de ellos consiste en reciclar una cápsula para que los materiales que contiene puedan seguir teniendo una utilidad. La pregunta que plantea el proyecto va, sin embargo, más allá del café. Cada día se generan residuos procedentes de la alimentación y del consumo que todavía pueden conservar algún valor si existen sistemas capaces de recuperarlo. La economía circular trata de encontrar esas conexiones y evitar que el final de un producto sea necesariamente el final de los materiales que lo componen.