Nadie quiere vivir en la calle

A. J. González
Un total de 132 de las personas atendidas acabaron yéndose de Córdoba y otras 15 fallecieron antes de salir de esta situación
Hay una unidad de intervención del Ayuntamiento de Córdoba, dependiente de la Delegación de Servicios Sociales, que trabaja de manera silenciosa con las personas que duermen en nuestras calles. Conocemos las actuaciones de emergencia que realizan las entidades sociales, pero no la labor que desempeña desde 2018 la Unidad Móvil De Atención Social En Calle (Umasc), que solo en los últimos cinco años ha rescatado del sinhogarismo a 248 personas. Eva Luna y Toñi Mudarra, cuyo lema es «no dar nunca un caso por imposible», son la integradora y educadora social responsables de este servicio municipal, que trabaja dentro de la Red Cohabita.
Actualmente hay 52 personas en la calle
Con una entrega y humanidad que va más allá de lo puramente profesional, Eva y Toñi programan intervenciones individuales para todas las personas sin hogar de Córdoba y permanecen alertas a sus necesidades durante todo el proceso y en muchos casos, también después. «En este momento, tenemos 52 personas durmiendo en la calle», explica Eva Luna, que detalla que del total de usuarios atendidos, un 60% son españoles y un 40% extranjeros con edades comprendidas entre 18 y 90 años si bien «más de la mitad tienen entre 41 y 65 años». Por sexos, el 74% son hombres y el 26% mujeres.
Los problemas de salud mental y la adicción están detrás de los casos crónicos de sinhogarismo
En cuanto a las zonas más pobladas de personas sin hogar destacan el sureste de la ciudad, con la mitad de los casos, y las calles del Centro, donde duermen casi al 30%. También aclara que las entidades sociales que salen a diario por la noche realizan actuaciones de urgencia proporcionándoles comida o mantas, pero no una intervención social, y que los números de atenciones que manejan son más altos porque ellos no solo atienden a sus usuarios, que son quienes están en situación de calle, sino también a personas en exclusión social aunque tengan un sitio donde dormir.
Las memorias del servicio reflejan que la Unidad Social Móvil realizó más de 1.200 intervenciones entre 2021 y 2025. Una parte de esas personas dejan de estar localizadas tras una primera solicitud de ayuda y otra parte se va de Córdoba tras cubrir sus necesidades básicas (132).

Eva Luna y Toñi Mudarra, responsables de la Unidad Social Móvil del Ayuntamiento de Córdoba. / CÓRDOBA
Del resto, 248 han sido realojados en los recursos disponibles, 123 en las casas de acogida y 119 en otros alojamientos (ya sea una residencia de mayores o un piso de autonomía de una entidad social). Además, entre 2024 y 2025, 11 personas lograron alquilar una vivienda. «Son una minoría, pero para nosotras es un gran logro por la situación de precariedad de la que partimos, la escasa oferta de alquiler y los precios de la vivienda», señala Eva.
Un largo camino con cada usuario
Salvo excepciones, detrás de cada expediente cerrado con éxito, hay un largo camino. «No todas las personas sin hogar acuden a los recursos por iniciativa propia, por eso se creó esta unidad integrada en la Casa de Acogida, para ir a buscarlos y tenderles la mano». Su tarea principal consiste en captar a las personas sin hogar cuanto antes, darles información y «crear un vínculo personal» a partir del cual motivarlas a iniciar un proceso de cambio y derivarlas a los recursos existentes. Si esto no es viable, se presta asistencia básica.
Cuando hay voluntad de cambio, Eva y Toñi suelen empezar por el principio, es decir, “actualizar la documentación, porque la mayoría no tienen el DNI», algo básico para gestionar una ayuda económica, la tarjeta sanitaria, ingresos hospitalarios, una valoración de dependencia, un empadronamiento o acudir a Servicios Sociales. Ellas les acompañan también al médico, al banco o al juzgado, de ahí que algunos las traten como si fueran de su familia.
«Nadie quiere vivir en la calle»
Eva asegura tajante que «nadie quiere vivir en la calle, pero hay factores que llevan a esa situación, ya sean adicciones, una pobreza extrema que a veces rompe los lazos familiares, violencia de género, discapacidad intelectual, patología dual, enfermedad mental y últimamente, vemos también cada vez más personas con órdenes de alejamiento que se van a la calle».
La inserción laboral es difícil, pero no imposible. «Hay empresarios de Córdoba que contactan con la unidad, donde gestionamos formación académica en varias titulaciones para ofrecer empleo en campañas agrícolas, centros residenciales o ayuda a domicilio», apostilla Eva.
15 fallecidos de 2021 a 2025
Pese a sus esfuerzos, hay quien muere en la calle. Entre 2021 a 2025, fallecieron en Córdoba 15 personas sin hogar a las que hay que sumar el reciente caso en La Corredera, del que no puede dar información por protección de datos. «Hay personas que llevan más de diez años en la calle, algunos ingresan en un recurso y luego se van, nosotros no podemos obligar a nadie a estar en la Casa de Acogida, donde hay unas normas que hay que cumplir, el cambio siempre empieza por ellos mismos». Tanto la Casa de Acogida como la Unidad Social Móvil del Ayuntamiento de Córdoba son servicios que gestiona la Fundación Prode para la Delegación de Servicios Sociales.
«Agilizar la burocracia sería de gran ayuda para reducir el sinhogarismo»
La lentitud burocrática es uno de los hándicaps a los que se enfrenta la Unidad Móvil De Atención Social En Calle (Umasc) del Ayuntamiento de Córdoba, según una de sus responsables.«Cuando una persona está dispuesta a ingresar en un centro para un proceso de desintoxicación, hay que aprovechar y actuar con rapidez porque si tiene que esperar meses para un ingreso es posible que cuando llegue el momento, la situación haya cambiado o incluso que haya muerto», lamenta Eva. Por otro lado, aunque la valoración de los casos de dependencia se ha acelerado bastante, «el problema viene una vez se reconoce el derecho a una residencia porque hay largas listas de espera porque no hay ingresos de urgencia», añade, «algunas personas están en la calle porque no pueden pagar 400 euros por una habitación, para prevenir que esos casos se cronifiquen hay que actuar rápido». Otra de las dificultades es «la escasa información que podemos obtener de los usuarios, entre otras razones, por la protección de datos». Ante un problema de salud mental o adicción, «dependemos de lo que la persona nos diga, aunque haya una sospecha, porque a veces ni siquiera ellos son conscientes de su enfermedad y menos de su tratamiento». Por eso insiste en que «agilizar la burocracia sería clave para reducir el sinhogarismo». También hay mitos que hay que desechar, como pensar que todas las personas que están en la calle son pobres. La unidad ha trabajado con personas que tenían mucho dinero y que vivían mendigos. «Sacar de la calle a alguien con problemas de salud mental lleva años, hay que ir paso a paso entablando contacto hasta que esa persona confía en ti y puedes ofrecerle ayuda», relata Eva, que llama a la ciudadanía a avisar cuanto antes cuando se detecta a una persona que vive en la calle llamando al 957499995 o a la Casa de Acogida Municipal. En su opinión, «cada vez hay más conciencia social sobre esta realidad en la que puede caer cualquiera», afirma, lo que no impide «que también nos lleguen quejas, hay quien nos ha llegado a decir que han pagado mucho por su piso como para haya un sin techo en su puerta».





